Apenas estaba llegando cuando ella se fue, yo saludaba cuando ella se despedía, yo me acostaba cuando ella se estaba despertando, mi día acababa cuando el suyo apenas estaba empezando, y todo era así, tan contrario y a la vez tan perfecto, que cuando los dias pasaban mas preguntas me hacía sobre el misterio y la intriga de su persona, era... era ella, o tal vez... no sé, era algo mucho mas allá de lo convencional. No era amor por supuesto, no era amor lo que yo sentía, era intriga que se convirtió en obsesión, las horas, dias y meses pasaban, y su imagen seguía intacta en mi cabeza, a pesar de que solo tuve la oportunidad de verla una o dos veces y palabras nunca llegamos a cruzar, pero algo tenía y eso yo lo tenía que averiguar para apaciguar mi alma.
Me lancé al mar para sentir el océano, para escuchar la brisa y el sincopado sonido de las gaviotas en busca de carroña. Estaba solo, y de un momento a otro el cielo cambio su color de azul a magenta, todas las nubes perdieron su forma asimétrica y se convirtieron en círculos dorados que bajaban lentamente hacia el mar como si estuvieran imantados. Mar que se iluminaba por dentro a medida que más esferas brillantes recibía. Hasta que de pronto el mar pierde su paz y empieza a revolotearse y a pelear consigo mismo, olas chocan con olas generando grandes estruendos, el fragor del agua escandalizada viene acompañada con truenos provenientes del cielo y todo se convierte en una orquesta de sonidos sin ritmo alguno, mis tímpanos no pueden soportar mas, así que coloco mis manos en mis oídos y sumerjo mi cabeza en el agua, siento la fuerza de las olas vibrando en mi cuerpo, las corrientes marinas golpean mi tórax y siento morir mi ser.... de pronto, paz. Mi cabeza emerge del agua pero mis ojos demoran en abrir, al punto que tengo que usar mis dedos para separar mis párpados, todo es oscuridad, todo es silencio... todo es muerte.
De pronto, una luz cegadora golpea mis ojos que tardan un momento en ajustarse, y la veo, es ella, la inconfundible silueta de su cuerpo virginal y divino, su rostro no se distingue muy bien, pero sus ojos se roban la atención de los míos, sus ojos robaron el azul del cielo y la luz del sol. No sé si sentir miedo, porque muy terrorífica podría ser la imagen para una persona común y corriente, cosa que no soy. Pero más allá de eso, siento fascinación, admiración ante la belleza que se pone frente a mi. Dibujo una sonrisa de alegría, aunque no es una alegría normal, lejos está de ello, porque ésta es una que no conoce la felicidad, pero sí la sorpresa e irónicamente también la tristeza, esa es mi alegría. Todas las emociones mezcladas en aquel momento de contradicción y fantasía.
Lentamente se acerca a mi, caminando sobre la paz del agua y siento como mi corazón empieza a latir velozmente, mi mente empieza a agitarse y dentro de mi hay una batalla entre la calma y la ansiedad, entre la cordura y la locura, que me estremece y me hace dar cuenta de que ya no está caminando hacia mi, esta corriendo y a cada zancada que da me invade mas y mas el pánico, pero no puedo moverme, estoy petrificado, soy de piedra sólida, impotente al movimiento. Se me acaba el tiempo, "muévete, muévete", pienso. Pero es inútil, no lo lograré, se acerca rápidamente y se lanza contra mí, oigo el sonido de un cañón, un destello de luz invade el lugar y pierdo la cordura.
Ella en realidad nunca estuvo ahí, ella jamás existió, ella era sólo una ilusión, ella era la búsqueda de lo que jamás iba a encontrar, lo inalcanzable, lo inconcebible, lo utópico y lo perfecto. Era ella, al fin supe que nunca estuve cerca de saber porqué me intrigaba tanto, porque simplemente no se podía llegar a saber. Ella era la inconfundible verdad.
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