“Silencio. ¡Cuán bello el silencio! Pero hay que aquietar este mundo interior. Hay muchos que gritan ahí dentro. El silencio es una conquista. No es el ruido externo lo que nos aturde; es el grito de las pasiones. No es aislarse; es desprenderse; el silencio no es un don sino un fruto difícil. Este silencio físico es apenas un medio para acallar la propia algarabía”.

Fernando González Ochoa

viernes, 27 de julio de 2012

El Valle



Mientras los pueblos tristes pasan por mi ventana, solo puedo recostarme en mi asiento para admirar la brillante luna, la acompañante de un viaje sin llegada y sin retorno. No hay sonidos por ningún lado, los vagones son invadidos por la calma y la paz, las lágrimas en la alfombra empiezan a desaparecer mientras me alejo de la sordera del mundo. Me dirijo al valle, allá me están esperando para irnos, allá están todos preparados para partir, pero yo nunca llegaré, sé que no lo haré, si lo hiciera tal vez ya nada tendría sentido, sin objetivos, sin metas, sin aspiraciones, sin nada. El tiempo parece detenido y los paisajes repetidos, mi café nunca se ha enfriado y hay una sombra que resalta al lado del corredor... tonterías, ha de ser solo mi mente.
Me vuelvo hacia la ventana y continúo observando la luna, mas grande y atractiva que nunca, solo habré de poner un poco mas de atención para olvidarme de mi propia existencia y donarle el regalo de la vida a un cuerpo que orbita alrededor de la tierra, pero no lo haré, no hay nada que pueda hacer ahora, los pensamientos que me abrazan quieren destruirme y la nostalgia quiere tomarme y hacerme añicos, pero esa es una batalla que gané hace mucho tiempo y ahora el pasado es tan distorsionado que no recuerdo ni siquiera mi propio rostro en la juventud de mi existir.

Las puertas de lo desconocido se han abierto y todo es tan igual como lo común, o así parece. Con la diferencia de que todo es un poco mas inquietante, sí, inquietante. No puede ser tan igual, lo que percibo no es normal, aquí el mismo silencio se ha enloquecido y acabado con su vida, ni siquiera hay nada aterrador, todavía peor; no hay nadie, todo esto es espeluznante, pero es casual. No veo porque tenerle miedo a lo desconocido si se asemeja tanto a lo ordinario, pero no puedo decidir sobre la acción del miedo en mi, así que la tranquilidad ha durado poco, todo es enardecedor, esto no es nada bueno, pero tan casual, tan común, ¿cómo puede ser esto?.

Tal vez lo ordinario debería dar mas miedo que lo desconocido, pero no lo aceptaré, simplemente no. Me enfocaré en llegar a ellos, me están esperando, no se irán sin mi, pero no llegaré, iré en contra del deseo, desafiaré los sentidos y me condenaré a perderme, a ir a la deriva, después de todo, ¿qué mas puede ofrecer este mundo que valga la pena?, no es algo que me haya preguntado solo ahora, y sé muy bien la respuesta. Aún así, la vida no la podré seguir viviendo como quieren que la viva, como me la están vendiendo, por eso me voy lejos de este mundo, la viviré como un salmón en contra de la corriente, pero con la indiferencia de ser o no ser cazado por un oso, vivir hasta que la vida misma se canse de mi y no quiera seguir estando conmigo. No quiero agradarle, pero tampoco la estoy rechazando, la acepto y eso es todo. Seguro la sombra misma podría estar burlándose de mi, quizás hasta yo lo haría en su posición.

Si aquella luna pudiera decirme algo ahora seguro no diría nada, seguro esbozaría una sonrisa y me dejaría sólo, pero al saber que es algo que no me ha de importar, solo está espectante a mis ideas y mis pensamientos flotando en el aire, colapsando entre sí y dando lugar a la inquietud frente a la duda del mismo existir. Indudablemente, ahora tengo una batalla que lidiar conmigo, pero no soy yo, es la parte de aquellos reflejada en mi, es la parte que me demuestra que hubo un pasado, es la cicatriz de que me recuerda que hubo un antes, que fui, que por un momento fui alguien, pero... no fui yo.

Una sombra, un tren y la luna. Supongo que es la mejor compañía que puedo tener, tal vez la única que verdaderamente ha valido la pena, taciturnos, prudentes y reservados, no es algo que consigas muy a menudo pero... un momento... ¡¿Adónde ha ido la sombra?!, ahora que valentía pretendo tener sin su presencia, sé que no me puede haber abandonado, me necesita, o tal vez no, pero sé que yo sí la necesito. Esa sombra es el otro lado del abismo, lo opuesto a la confusión y la vergüenza, no puedo tener un balance ahora, porque ella es mi ser, yo no soy mas que la locura misma reflejada a contraluz de una silueta negra y aplacada. No podré ir con ellos, aunque sé que me están esperando, seguro que no podré llegar, partirán sin mí y el olvido me ahogará, en aquel momento yo dejaré de existir, yo me marcharé y la luna reirá a carcajadas, mi cuerpo se desvanecerá junto con la sombra que jamás estuvo allí, sin ruidos ni estrépitos tendrá fin lo que nunca tuvo comienzo. Todo terminará y nada mas.




Ellos marcharon, esperaron cuanto pudieron soportar, pero no había nada que seguir esperando, ya nada quedaba. El valle no los volvió a ver nunca mas, los árboles clamaban sus nombres frecuentemente, las hojas bailaban en el aire antes de posarse delicadamente en el verde pastizal y el viento acariciaba las ilusiones que todavía andaban flotando llenas de esperanza.

Nada volvió a ser, porque nunca nada fue, el valle continuó tan bello como siempre, tan misterioso como nunca, tan él.








"No puedo tomar mi libertad como fin sino tomando igualmente por fin la de los otros."
Jean Paul Sartre

jueves, 19 de julio de 2012

La Existencia De Lo Inmaterial


Me encontraba en esos momentos en la compañía de un amigo, el día era acogedor, el clima templado y   pronto iba a oscurecer, aunque todavía el sol entregaba sus últimos rayos del día. La cancha estaba sola para nosotros y con nuestros balones de baloncesto comenzamos a realizar lanzamientos para calentar el cuerpo, mientras tanto hablábamos, pero no cualquier cosa, discutíamos los pensamientos de cada cual frente a la identidad del ser. Algo poco ocasional para hablar mientras realizas una actividad deportiva.


- Entonces ¿si me entiende? -continuaba él -, yo creo en que nosotros somos materia y nada mas. Materia que se puede transformar y dispersar, porque mi pensamiento racional me dicta que así debe ser.

- Pues no lo sé -repliqué -, no me doy a creer que sólo seamos esto que vemos, no puedo creer que yo solo sea materia, yo creo en el alma.

- Me parece bien, pero yo simplemente no puedo creer que eso exista. Todo es materia y por lo tanto, yo, usted y ellos son materia, eso es lo que yo creo.

- Es un poco hueco para mí, tiene que haber algo mas que eso. El yo no es materia, no puede ser.
Me miró e hizo un gesto de indecisión mientras sostenía el balón en la mano.

- Pues cada cuál puede creer lo que quiera, esta es mi verdad y esa es su verdad - dijo volviéndose para lanzar el balón-.


Discutimos otro buen rato mientras jugábamos, después de calentar empezamos a jugar un veintiuno de baloncesto y terminamos exhaustos, las gotas de sudor bajaron por nuestra frente y el líquido hidrató nuestros cuerpos cansados. Era ya de noche, daban las 8pm si no estoy mal, nos dirigimos a mi hogar y allí nos despedimos amistosamente prometiéndonos un próximo encuentro para jugar, después de todo, el baloncesto era un deporte en común que nos apasionaba a los dos, así que además del ejercicio, los dos pasábamos un rato de diversión, momentos agradables que valen la pena repetir.
Pero me quede pensando en la discusión que habíamos librado, era algo que no se puede pasar por alto, o que por lo menos yo no dejo pasar por alto, la identidad del ser, la respuesta del ¿quién soy? o de otra mas específica, ¿es el ser es materia o algo mas?
Era su visión materialista contra mi... ¿espiritual?, no lo sé, pero sé que difería mucho de la que él tenía. Las ideas que expresó eran las mismas que el mismo Demócrito había usado cuando propuso la teoría atómica, con algunas diferencias claro, pues Demócrito si creía en el alma, pero un alma material compuesta por átomos que después se esparcen en el espacio. Pero era algo que yo no podía aceptar y no sabía muy bien el porqué, claro que la materia se transforma y hay materia en todos lados, pero la premisa de "yo soy materia" no me cabía en la cabeza.

Al día siguiente la cosa estuvo mucho peor, no podía dejar de pensar en esto en ningún momento, las ideas flotaban en el aire y con ellas los cuestionamientos que iban y venían. Finalmente decidí hacer lo que debía de hacer como principio fundamental para comprender todo esto... dudar. Decidí dudar de que él estuviera en lo cierto, de que el ser es materia y nada mas que ello. Pero así mismo, me dispuse a dudar de que el ser fuera algo inmaterial, algo mas que materia, lo "indefinido" como diría Anaximandro. Todo fue un poco mas duro, lleno de ansiedad resolviendo y pensando ideas que por mi cabeza pasaban, me recosté en mi cama sin poder conciliar el sueño... hasta que finalmente sucedió, a las 2 de la mañana me llegó una pregunta que sentí podía resolver el cuestionamiento inicial, me impresionaba y me emocionaba la simpleza de la misma pregunta.

"¿Cuál es la diferencia entre un cuerpo vivo y un cuerpo muerto?".

Ésta pregunta en sí no es difícil. Pero requiere de reflexión la respuesta de la misma y las consecuencias de ésta para una solución clara y gratificante del cuestionamiento principal.
En un principio se analiza y discute el hecho de la materia como cualidad funcional de sí misma; y en cuanto a lo inmaterial se analiza lo intangible que parece ser para nuestros ojos, por lo que parecería que los dos puntos de vista tienen su vacío, no es así y ésta pregunta apunta mucho más a lo segundo que a lo primero. No daré vueltas alrededor de ésta sin dar una respuesta, simplemente quiero darle un tiempo de reflexión al lector.

La misma pregunta encierra la respuesta y bueno... entendemos que si hay una diferencia entre un cuerpo vivo y un cuerpo muerto, entonces no todo puede ser materia, y la diferencia es evidente, un cuerpo cuenta con materia, movimiento, funcionalidad y vida, el otro cuenta con él mismo, solo materia.
El cuerpo muerto tiene la misma cantidad de materia que tiene el cuerpo vivo (digamos un cuerpo humano), al tener la misma cantidad pero estos dos no ser iguales, nos dice sólo y únicamente que hay algo mas que la materia misma, algo que permite que uno tenga funcionalidad pero el otro no la tenga, esto es claro e indiscutible, la existencia de algo mas.
No creo encontrar quien refute la idea de que hay una diferencia entre estos dos cuerpos, porque es algo científico, evidente y tangible, a la vista de todos. Uno vive, el otro no vive, pero la misma materia está presente en los dos, esto prueba que existe algo mas, no tildaré ese "algo" de alma (por ahora), lo dejó al libre pensamiento del lector, pero es algo inmaterial y ese "algo" permite que los procesos de funcionalidad del cuerpo ocurran. La ciencia no se pregunta esto muy a menudo, ya que la ciencia del hoy está mas centrada en entender el "cómo" que en entender el "qué".
Éste algo inmaterial es el principio de funcionalidad del cuerpo, pero no hace parte del cuerpo, simplemente lo habita durante un tiempo y ya cuando el cuerpo muere, sabemos que ese cuerpo sí es sólo materia, pero que la energía vital o lo inmaterial que en él habitaba ha migrado o a desaparecido. Por esto:

CUERPO MUERTO →  Materia.

CUERPO VIVO  → Materia y  Lo inmaterial o alma.


Pero la identidad del ser sólo puede ser una, el ser no es materia y algo inmaterial al mismo tiempo. La materia que compone el cuerpo por sí sola no es mas que materia que no puede generar movimientos, impulsos y labores, pero lo inmaterial no funciona de la misma manera, lo inmaterial va más allá.
Así que ¿es el ser materia o es lo inmaterial?, en el análisis de la pregunta misma se podrían desprender otras como ramificaciones de ésta en cuanto a lo que representan estas dos cosas para el ser. La vida distingue a un cuerpo vivo de uno muerto y esta vida es proporcionada por el ser mismo, por lo tanto, no se puede hablar de un ser muerto, sino de un cuerpo muerto. El ser como tal es igual a la vida, la proporciona, y éste desborda y supera dialécticamente el mundo de las formas, el materialismo.

Cuando nos referimos al ser, hablamos también de existencia funcional y por lo tanto de vida, la naturaleza y esencia de esta vida. El problema del materialista es que ve esta vida como producto de la misma materia y bueno, pues en realidad todos hemos de tener el mismo pensamiento si se ve a primera impresión, ya que la vida sólo puede ser vista desde el plano material por las actividades y movimientos realizados por el cuerpo, y como este cuerpo está compuesto por materia entonces llegamos a la conclusión de que el ser es materia y la vida una creación o producto de la misma.
Pero como ya dije anteriormente y ya he llegado a la redundancia, la materia es materia, y nada más. Por lo tanto esta conclusión es errónea y en consecuencia es inútil, de la materia no nace la vida, es necedad creer en ello. Entonces la verdadera identidad del ser sólo puede ser dada por lo inmaterial, el ser es ese algo inmaterial que da la vida al cuerpo, pero no el cuerpo mismo, el cuerpo no es mas que una carcaza o una máquina que sin un piloto no puede operar, que por sí mismo no se moverá y no funcionará sin la acción de un maquinista, el ser, lo inmaterial, la energía vital.
Así, tenemos que:

CUERPO MUERTO →  Materia.

CUERPO VIVO  → Materia y  Lo inmaterial o alma.

SER → Lo inmaterial o alma.

El principio de funcionalidad reside aquí y ese principio de funcionalidad es como tal el ser, es decir, uno mismo. Los procesos metabólicos del cuerpo los describe la ciencia detalladamente para dar a entender cómo se mantiene su homeostasis, pero nunca se pregunta qué causa esos procesos metabólicos, sólo se interesa en entender cómo se dan, y eso es en realidad un gran hoyo en la ceguera científica de hoy en día, además de su necedad y su ilusión de sabiduría. Si la materia produce la vida entonces ¿en dónde está la demostración  de que eso sea cierto?, todo en realidad se basa en especulaciones. El método científico es infringido por el propio científico, genera las hipótesis pero no las demuestra, por lo tanto deja la tarea a medias.

Al final, el materialista pseudocientífico parece creer en esto, pero para saber que hay algo mas allá de lo material no se necesita fe ciega, simplemente análisis racional de la situación, pensar filosóficamente.
Si la materia no produce la vida ¿que piensa el materialista frente a esto? o ¿es meramente un acto de fe no justificado?, o simplemente no ha pensado mucho al respecto, o peor aún, no quiere pensar.



El sueño lo recuperé y nuevamente los días fueron normales, viviendo no por vivir, buscando saber para vivir, muchas preguntas y cuestionamientos nuevos han llegado a mi cabeza, pero es bueno saber que no lo sé todo, de alguna manera sé algo y la curiosidad por entender lo demás son el motor de impulso del amor por el conocimiento: Phila y sophos.



miércoles, 11 de julio de 2012

La De Las Blancas Pestañas, Parte II: apego y amor al yo


En continuación y recapitulando lo tratado en la primera parte, valdría llegar a preguntarse lo que sucede cuando ya no hablamos del enamoramiento en sí, sino del acto de amar, a posteriori del enamorarse. Cuando se habla del deseo en el enamoramiento se trata del deseo de conseguir el amor y afecto de esa persona, ese es el deseo bajo el que se rige el enamoramiento, pero ese deseo tiene una vida limitada, por así decirlo, una vez cumplido, éste morirá y con su morir muere el enamoramiento porque ya pierde una de sus dos cualidades distintivas (deseo y amor), por lo que llegamos a otra fase diferente, "el enamoramiento" que el diccionario describe lacónicamente, "que siente amor". Primeramente, el deseo es quien predomina y el amor está ahí, pero pasivamente; posteriormente el deseo muere y todo se vuelve amor, todo el protagonismo ahora lo tiene el acto de amar, la búsqueda de la felicidad propia en la ajena.
Cuando digo que el deseo muere no niego la posibilidad de que mas deseos vuelvan a nacer, ya que es algo normal, el amar traerá consigo muchos deseos que irán surgiendo poco a poco en busca de ser saciados, pero serán muy diferentes al deseo del enamorar. No se puede hablar de la transformación de un deseo, un deseo no es como la materia, no es inanimado y actúa bajo su propio impulso, el deseo solo vive porque tiene una razón para vivir y es el objetivo de cumplirse, una vez cumplido no se transformara para tener otro objetivo, solo desaparece y abre espacio a los demás, tiene su ciclo de vida, ciclo que puede durar mucho o muy poco, que puede ser tortuoso y escabroso, pero no veamos todo con malos ojos, al fin y al cabo el sufrir es lo que le da verdadero significado a la felicidad.
Así, el enamoramiento contiene deseo y es un deseo en sí. Curioso.

Por otro lado, centrados en este nueva fase al que se enfrenta el individuo, las cosas van a cambiar bastante, ahora el amor es totalmente dueño del sujeto y este amor querrá expresarse con toda su fuerza de manera apasionada, explotando todo lo que tuvo reprimido durante el enamoramiento, una bomba de tiempo, que ahora estalla y deja salir todo su poder, externaliza todo lo que en su interior había. En este punto, no podemos hablar del sujeto como algo distinto del amor, sino como una sola cosa, un solo ente. Pero el amor no estará totalmente solo aquí, ahora tiene un nuevo acompañante, que en realidad siempre ha estado adherido a él, pero que ahora se deja visualizar con mas claridad, claridad con la que no se pudo ver anteriormente, y ese señores, es el fluctuante apego, y digo fluctuante por la inestabilidad emocional del cual éste se hará cargo. Que manejara como plazca, en sus momentos podrá ser estable y equilibrado, casi irreconocible, por lo general está es su primera presentación, pero después se evidenciará la verdadera esencia del mismo.
Es simplemente increíble como en realidad no somos unos verdaderos controladores de nosotros mismos, algo simplemente imposible en profundidad. Controlamos y tenemos poder de decisión sobre las acciones que llevaremos a cabo, pero después de cometerlas estamos atados a las consecuencias que las mismas acciones han producido. 
¿Cómo podemos creernos controladores de todo cuando no hay un control de nosotros mismos?, hasta que punto ha de llegar el cinismo humano o la ilusión de sabiduría, vamos directo al barranco y no queremos usar los frenos.

Pero bueno, después de romper el hilo conductor tan insolentemente, continuo. El apego simplemente es la entrega de parte de la felicidad propia a alguien o algo, en ocasiones hasta la entrega total de la misma, lo que hace esto verdaderamente peligroso y con finales trágicos, como el suicidio. Pero es imposible buscar esa relación amorosa sin crear un apego, sería fascinante, sería un sueño barbitúrico, pero es utópico. Allí tiene que estar él, que nos hará buscar refugio en la otra persona porque nos sentimos seguros y afortunados con ella, nos sentimos atraídos y encantados, vaya que adorable puede llegar a ser lo que también puede ser lo mas asqueroso y horrible, las dos caras de la moneda, pero solo nos movemos por el impulso de que la moneda siempre jugará a nuestro favor, o que por lo menos jugará mas frecuentemente a nuestro favor, es mejor pensar así, pero sabemos que las posibilidades son 50/50. Los estados de felicidad alcanzados en esta etapa por el sujeto son de una euforia muy sana, que durará un buen tiempo y después desaparecerá o rebajará un poco para mantenerse constante, después de todo, no hay momento de mas alegría que el instante súbito y fugaz en que se cumple el objetivo, y la alegría de recordar que se logró nunca podrá igualar la instantánea, la del momento en que el deseo murió y el aletargante sentimiento de dicha se posesionó.
Nos dá alegría ganar una medalla, pero recordar que la ganamos no nos devuelve la misma alegría, simplemente una noble satisfacción personal.

Así, el apego y las acciones de la otra persona tienen efectos directos sobre el sujeto, que malo puede ser esto o que bueno puede ser esto, aunque me voy mas por la primera. Mucho mas peligroso que el enamoramiento en sí es lo posterior a éste, el después, cuando el acto de amar inicia su función adecuadamente (cuando los individuos se unifican). Ahora, además de que pagaremos las consecuencias de nuestros actos, también tendremos que pagar las consecuencias de los actos de la otra persona, así que esa persona tiene en parte control sobre el sujeto, ya que éste le concedió ese poder, ese control sobre sí, pero claro, no lo hace ciegamente, o por lo menos no siempre, ya que la confianza y la posible reciprocidad que haya en el amor son los dos factores que influyen en este traspaso de poder. Y el apego propina ceguera al sujeto, es el estupefaciente, lo amarra a la irracionalidad y la insensatez.

"Nunca amamos a nadie: amamos, sólo, la idea que tenemos de alguien. Lo que amamos es un concepto nuestro, es decir, a nosotros mismos". Fernando Pessoa.

Me doy a divagar, pero en esta frase, podemos tener mucho tiempo para pensar, ya que consigo trae muchas otras situaciones en las que nos podemos hacer un cuestionamiento similar, variando en detalles, pero con el mismo fondo. El narcisismo.
Amamos el reflejo de nosotros en la otra persona, porque amamos nuestros conceptos y somos nuestros conceptos, somos el objeto final del amor a otra persona, que no es mas que una capa de niebla que cubre la verdad, el amor para el yo. 
La satisfacción de una persona al ayudar a la otra es un claro ejemplo, sin esa satisfacción de la ayuda prestada, ¿cuál sería la importancia de la mera acción de ayudar para el sujeto? ninguna, ayudar sin buscar la satisfacción en la acción misma no se tornaría mas que algo molesto para el mismo, porque no hay una satisfacción personal, la búsqueda principal de cada sujeto en sus acciones. Ya que no se puede ser totalmente altruista, ni totalmente narcisista, la naturaleza nos define de esa manera y ante ella no hay pero que valga. Simplemente somos y al final nuestras acciones van dirigidas hacia nosotros, el placer propio, la satisfacción propia, la felicidad o la ilusión de la misma, pero todo con un mismo final... el yo para el yo.


No sería loco calificar a todos de narcisistas, después de todo éste es un imperativo intrínseco en nuestra naturaleza y existencia tanto social como biológica.
Y sin embargo, somos libres, libres para hacernos esclavos de nosotros mismos, pero para saber manejar nuestra condición.

lunes, 2 de julio de 2012

La De Las Blancas Pestañas


En la delicada búsqueda para poder llegar al entendimiento de lo que es "estar enamorado" he encontrado varios puntos que se muestran claros para mi suerte, pero después se vuelven a distorsionar y están en constante cambio, lo que me ha dificultado llegar a conclusiones concretas, aunque no me ha hecho imposible que mi acto de filosofar continue con su función pregunta-reflexión-respuesta.
Me ha llegado a interesar mucho el "estar enamorado" y no es porque lo esté, lo haya estado o lo planée estar, como para empezar con sentimentalismos y hablar apologias de este sentimiento. Sino que genera gran curiosidad la importancia que esto representa para el hombre y sus relaciones, y no me parece apropiado ceñirse a la definición del diccionario: "enamorado: que siente amor", no me aventaré a decir que es errónea, tal vez después, pero no refleja todas las demás cosas importantes que hay que tener en cuenta. Sólo la palabra amor ya abre un gran campo de ideas, pensamientos y demás.

Mi primer punto es la importancia del deseo y la obsesión, que parecen ser inherentes al enamoramiento y una está ligada a la otra, el deseo estado ligado a la obsesión. Ahora, ¿podría haber algún punto en que estas dos no estén ligadas entre sí? En realidad no, cuando el deseo está presente ha de haber al menos un poco de obsesión por satisfacerlo, ese impulso tiene que estar ahí, es el motor que impulsa el complacer del deseo. El deseo de poseer, ya sea para amar o para satisfacer el libido siempre tendrá sus bases en el impulso que da la obsesión del mismo y finalmente cumplido el ser es invadido por la euforia y un sentimiento de felicidad, el deseo muere automáticamente cuando se logra; fenece al satisfacerse. Sin todavía cumplirse el ser permanecera en la angustia y la incertidumbre del futuro. Y ya no pudiendo cumplirlo, el fracaso lleva al ser a un estado de insatisfacción existencial.
El problema es que la persona no puede dominar el deseo, sino por el contrario, el deseo domina la persona y persiste mas allá del afán por librarse de él. He aquí uno de los grandes problemas que el mismo deseo nos presenta, cuando deseamos lo que no queremos desear porque sabemos que aquel deseo nos podrá afectar, pero es algo en lo que me enfocaré mas adelante. Antes quiero citar a Eduard Punset, quien afirma:

El deseo nos saca de nosotros mismos, nos desubica, nos dispara y proyecta, nos vuelve excesivos, hace que vivamos en la improvisación, el desorden y el capricho, máximas expresiones de la libertad llevada al paroxismo. El deseo reivindica la vida, el placer, la autorrealización, la libertad. Unos planifican su vida, mientras que otros la viven al ritmo que les marca el deseo. El deseo de vivir y de hacerlo a su manera. Por eso sus autobiografías son más descriptivas que explicativas, pues sus vidas no tanto se deben a los resultados u objetivos cumplidos, sino al sentido inherente al mismo proceso de vivir. Y este proceso, de uno u otro modo, lo establece siempre el deseo. Si bien el deseo rebosa incertidumbre acerca del itinerario, a muchas personas les garantiza la seguridad en cuanto a los pasos dados. Bien entendido el deseo no es una voz oscura, confusa y estúpida, sino que - en una persona madura - es luminosa, clara e inteligente. Las emociones están en la base de los deseos y de la inteligencia se dice que es emocional. Visto de este modo, el deseo se convierte en el portavoz de uno mismo.

Claro es, el deseo no es malo ni es bueno, simplemente es.
Primeramente llegué a la conclusión de la definición del enamoramiento como la unión del deseo, la obsesión y el amor; resumidamente del deseo y el amor. Ya que a cada deseo le precede un sentimiento y a ese sentimiento una emoción, y es ahí donde se presenta el problema cuando se desea algo que no se quiere desear, porque ese sentimiento despertado busca crear un lazo emocional y un lazo emocional puede causar sufrimiento, aunque de la misma manera podrá causar felicidad. Es ahí la esencia de la frase de Marcel Proust: "El deseo nos fuerza a amar lo que nos hará sufrir". Sí, es cierto, pero no por eso el acto de amar es malo, en el amar se encuentran los fracasos y de la misma manera se encuentran muchas felicidades. Si todas fueran felicidades, el acto de amar sería una monotonía idiota. El que éste también haga sufrir lo complementa y finalmente lo hace perfecto y único.

Pero el problema no es el deseo, pues es algo intrínseco en la vida del ser humano. El problema es la angustia, la angustia que ese deseo ocasiona, que puede llegar al punto de desesperar a la persona y sacarla de sí por momentos agobiantes de impotencia y exasperación. Sólo angustia, intriga, preocupación y como habría de faltar... Miedo. Eso es, el miedo siempre está presente, y no es algo para sorprenderse, ya que está prácticamente en todos lados. Pero el miedo sólo cumple su función al ponernos límites (que en ocasiones el deseo rompe), la angustia sólo busca sacar de quicio, y esta angustia deriva de la obsesión que el mismo deseo propina. Es una cadena, tal vez resultará un poco confuso... Pero no todo puede ser claro.

El enamoramiento en realidad sólo estaría bien justificado cuando hay una reciprocidad en la atracción por la otra persona; pero, de no existir esa reciprocidad entonces el enamoramiento es una pérdida de tiempo y una aflicción para el sujeto enamorado, algo a lo cual se tendrá que atener sin importar su persistencia por evitarlo. Tendrá que ser víctima de la ansiedad y la obsesión, y tristemente se tendrá que preparar para asumir el fracaso y la decepción, el hundimiento emocional y amoroso. Algo repulsivo puede ser enamorarse, buscar amar  y ser amado, pero no ser amado. Porque ese es el fin, agradar a la persona amada se convierte en la mayor ilusión y el fin de esa ilusión es un revés gigantesco, pero soportable.
Clarifico, el deseo y amor son dos cosas muy diferentes, no siempre se desea lo que se ama, ni todo lo que se ama se desea. En el enamoramiento estas dos se enlazan pero sin perder sus propiedades individuales que las hacen únicas. El enamoramiento no puede ser mas que el fino hilo entre la felicidad y la melancolía, por eso es tan delicado, y diría yo, peligroso y nocivo... Vaya que sí.
Es por eso que de mi parte sólo puedo calificarlo de un poco repulsivo, no repugnante, simplemente siento apatía por él; ya tener que someterse a las consecuencias del deseo es demasiado como para también tener que soportar las consecuencias que puede traer el amor (no correspondido). Aclaro, no es que sea malo, no me doy a calificar de malo y bueno, pero sí es peligroso y arriesgado, lo cuál lo hace atractivo y tentador, siempre seduciendo con su simpatía, gracia y su muy cuestionable belleza.



Y tarde o temprano muchos habrán de caer ante su coqueteo, es una oportunidad, es un capricho, es un gran problema.

W!...