Nada esta en venta, y se cierra la puerta. Probablemente jamás hubo de abrirse cuando la lilas escalaban los edificios, el aire llevaba la viveza y la brisa daba vida, era un tiempo, sólo un tiempo, pero mirar al bar y ver al sol cuando salía en medio del desconcierto por el alcohol no quedaba ni la mas mínima preocupación, cuando todo era un haz de libertad vuelta canción en los ojos de este cantor. Solo una hoja de papel con las propias letras en medio de borrones y malos estados, con la frase: "Probablemente no sabrás jamás que nunca fuiste foto de carnet, que tu mayor palabra fue callar, y fue la mía amarte, mujer", las lágrimas de la incomprensión del sentir, sin saber el origen de la emoción, que sólo los versos del poeta pueden amenizar, porque cuando se escucha el poeta, se escucha al amor, se escucha el sentir, y toda la tristeza se diluye en lluvia de la tarde, junto con el recuerdo, la nostalgia y el llanto mudo de un hombre de gabardina, sombrero y mirada perdida.
"No cantaré compañera, sino a la carne y al hueso, y dejaré las razones a los que saben de eso, no venderé mi guitarra, no la ganará el silencio, ni el interés ni el desprecio, mi canto, mi canto no tiene precio". Y la atención y la brusquedad de la escucha de los oyentes, el respirar del amor en la agitación de la pérdida, el agua fría desplazándose a las bocas con lentitud, con penas y con la historia del ser mismo. Cuando calla el poeta calla el sentir de una multitud, calla y muere la versificación de una unión intensa como confusa. Calla la guitarra y se va el recuerdo, y se va, y se va, y con lágrimas y sin un adiós, cae el corazón, se pierde la emoción, y al cerrar los ojos y las estrellas observar, explotan los sentires, los gritos acallados, las vidas, los amores, las penas y el presente.
En el caminar del último momento de vida de la historia de la nostalgia, acompañan los claveles a la misma bohemia del río mas callado que conoció nadie, que conoció la ceguedad de la incomprensible sensibilidad de un alma fantasmal . Y en el caer del sol, la noche ha tragado la última gota de ginebra, para dejar la silueta de una mujer, que al acercársele cae a aquel río, para dejarse llevar por lo que ya no fue y ya no será, adiós a las pasiones muertas y a las luces del París nocturno, el pan caliente y el jugar de los niños en el verano. De tu recuerdo calla con este borrón, perdona el tono y el vocablo "amor". Agonizando el ruiseñor cae a la mar con la mismísima luna, y todos sabiendo que como esta muerte ya no habrá ninguna.
Y sonríe la silueta y hasta sonrío yo, duerme sin fin compañera, duerme sin miedo y sin dueño, duerme que yo ya he perdido el sueño.