Han dicho de mí que soy usurero, y otros incluso me dijeron que ya estaba muerto. Cuando estaba caminando por la acera de la ruidosa ciudad pensé en fumarme un cigarrillo. Cuando caminaba por los pastizales del campo pensé en fumar de mi pipa. Yo nunca he caminado por la ciudad porque siempre me ha dado un miedo terrible, porque desconfío totalmente de esa plaga bípeda que se mueve y se estremece como un autómata averiado por la ciudad. Y yo soy como ellos, pero soy muy diferente también. ¡Ah sí! Yo no fumo, el humo me da tos, me asfixia y mi mujer no soporta el olor de ese vicio. Finca tampoco tengo y nunca he caminado por el campo; les he mentido por completo y espero que no me crean mucho. Olvidé mencionar eso, soy mentiroso y embustero, me gustan las apuestas y las estrellas, y también los jugos naturales... No, no me gustan las apuestas.
Resulta que fue ayer que vino el primo Ramón de su viaje a Guatemala y trajo no pocas memorias de aquellas tierras. Nos bebimos toda la botella de vino durante la noche; amanecidos mientras contaba cómo conoció a una hermosa chica con la que al parecer se acostó. Esa parte no me interesaba mucho, pero el ánimo y la emoción con que Ramón habla de sus aventuras es de admirar; atrae la atención hasta del más distraído. Yo soy muy distraído. No, no lo soy. Bueno, de hecho sí lo soy; pero Ramón tuvo una gran experiencia en aquellas tierras. Hoy en la tarde se fue de Gramayera y dijo que iba para Puerto Asturia. Yo lo acompañé a la estación de tren, y allá partió mi primo Ramón, el viajero mujeriego, conquistador de las tierras féminas y hombre de profunda tristeza.
¡Ay, ojalá y tuviera primos yo! Y como les contaba, yo soy muy honesto y honrado, porque la verdad siempre sale de mi boca. Mañana tengo que madrugar para dar clase en la escuela del pueblo, y allá tendré que esforzarme por no mirar a la profesora nueva de lenguaje, que tiene unas nalgas enormes y un cuerpo tiernamente moldeado. Ella nota las miradas de todos y al parecer eso no le molesta; eso me hace recordar a mi maestro de psicoanálisis de la universidad, que contaba que las mujeres sienten placer al ser objeto del deseo. La semana pasada me sonrió coquetamente, y aunque atractiva y buena gente, su actitud es estricta y no repara en cualquier persona. Al parecer yo no soy cualquier persona; sólo un profesor de matemáticas que se ejercita un poco en las mañanas antes de venir a trabajar.
Claro que yo nunca he enseñado en ninguna escuela y siempre he sido completamente homosexual; las mujeres no me atraen mucho, mas que para conversar y chismosear sobre los últimos eventos que tienen que ver con la vida personal de cada persona cercana a mí. Cierto que no hay muchas personas cercanas a mí, pero de vez en cuando Doña Amparo y yo conversamos en la entrada de la casa, y aquella viejecita me actualiza sobre las últimas noticias que nos conciernen. La hija de Doña Luz está embarazada y no se sabe quién es el papá de aquel pobre engendro. Es que esa muchachita sí se veía muy irresponsable y loca. Llegaba demasiado tarde a la casa, se maquillaba como una prostituta, y hasta parecía un payaso a veces, y no era muy difícil con los muchachos con los que uno se la podía encontrar besuqueándose cerca del vecindario. Incluso la otra vez estaba fumando de esas cosas feas y malas que Doña Amparo dice que es de los vagos sin futuro.
Hace mucho tiempo que vivo sólo en el monte, y ya serán diez años desde que no tengo una conversación con una persona, ya que es difícil encontrarme con gente, y además la evito en la medida de lo posible. El oso de anteojos que me encontré la última vez, fue el encuentro más alegre que he tenido en muchos años. Ya me aburren los hombres y las plagas. Prefiero levantarme en una sábana de una pequeña cabaña, y escuchar las aves cantando e invitándome a caminar en este monte por el que ya he caminado tantas veces, y con el que no me dejo de sorprender. Estos caminos ya me tienen cansado a pesar de que me han dado tanta tranquilidad; creo que quiero morirme. Estoy muy feliz, muy tranquilo, como nunca antes estuve en mi vida, y ahora, más que nunca, creo que quiero morirme y fundirme en el todo. Con esta felicidad tan grande ya nada me haría más calmo que volar lejos de mi cuerpo.
Mmm Olvidé lo que estaba diciendo, pero creo que tenía que ver con mi adicción al vodka. Lo bueno es que nunca tomo alcohol. Ojalá algún día me liberen de este manicomio los aliens que me han secuestrado, porque tengo que construir una máquina del tiempo para decirle a Einstein que la energía es la composición de todo lo existente, y que los pandequesos de Doña Rosa salen en una hora más o menos. ¡Ah! Y también tendría que decirle a Darwin que hay un tour por Madagascar, tal vez me quiera acompañar; seguro que nos sacamos unas fotos bien lindas para la nueva versión de El Origen de las especies. Esos antiguos pensadores sólo llaman la atención cuando tienen barba; de seguro que allí es donde guardan todo su conocimiento. Si no tienen barba los filósofos de pronto pierden el cariz de sabiduría y cuestionamiento que los acompaña. ¿Un filósofo es un niño llorón, cierto? Si mal no recuerdo, es un pensador que hace muchas pataletas.
No, no, no, no, no..., no; no crean que estoy loco ni mucho menos. Sólo me estoy tomando un café en el parque comunitario y todas esas historias han llegado a mi cabeza. Debe ser que el café es mágico, o debe ser que mi mente es un pintor y escritor de otros mundos. No estoy loco, sólo que mi mente juega mucho conmigo, y todos esos mundos que he imaginado de alguna manera los he vivido mientras tomo esta bebida caliente. Ser cuerdo de corrido es lo más aburrido y entristecedor que le puede pasar al hombre. Pero bueno, no soy quién para juzgar a los de mi propia especie. Al menos sé que después de este café pondré otra vez los pies en la tierra y se me olvidarán todos los mundos que acabo de imaginar. Voy a esperar el bus que sale para mi casa y allí habré de descansar porque el día ha sido largo. Yo no siempre fui un humano con plumas de pato; ayer era un pescado con limón en el almuerzo de una cíclope en bikini.... ¡Ay qué bella es la locura!