“Silencio. ¡Cuán bello el silencio! Pero hay que aquietar este mundo interior. Hay muchos que gritan ahí dentro. El silencio es una conquista. No es el ruido externo lo que nos aturde; es el grito de las pasiones. No es aislarse; es desprenderse; el silencio no es un don sino un fruto difícil. Este silencio físico es apenas un medio para acallar la propia algarabía”.
Fernando González Ochoa
Fernando González Ochoa
viernes, 27 de julio de 2012
El Valle
Mientras los pueblos tristes pasan por mi ventana, solo puedo recostarme en mi asiento para admirar la brillante luna, la acompañante de un viaje sin llegada y sin retorno. No hay sonidos por ningún lado, los vagones son invadidos por la calma y la paz, las lágrimas en la alfombra empiezan a desaparecer mientras me alejo de la sordera del mundo. Me dirijo al valle, allá me están esperando para irnos, allá están todos preparados para partir, pero yo nunca llegaré, sé que no lo haré, si lo hiciera tal vez ya nada tendría sentido, sin objetivos, sin metas, sin aspiraciones, sin nada. El tiempo parece detenido y los paisajes repetidos, mi café nunca se ha enfriado y hay una sombra que resalta al lado del corredor... tonterías, ha de ser solo mi mente.
Me vuelvo hacia la ventana y continúo observando la luna, mas grande y atractiva que nunca, solo habré de poner un poco mas de atención para olvidarme de mi propia existencia y donarle el regalo de la vida a un cuerpo que orbita alrededor de la tierra, pero no lo haré, no hay nada que pueda hacer ahora, los pensamientos que me abrazan quieren destruirme y la nostalgia quiere tomarme y hacerme añicos, pero esa es una batalla que gané hace mucho tiempo y ahora el pasado es tan distorsionado que no recuerdo ni siquiera mi propio rostro en la juventud de mi existir.
Las puertas de lo desconocido se han abierto y todo es tan igual como lo común, o así parece. Con la diferencia de que todo es un poco mas inquietante, sí, inquietante. No puede ser tan igual, lo que percibo no es normal, aquí el mismo silencio se ha enloquecido y acabado con su vida, ni siquiera hay nada aterrador, todavía peor; no hay nadie, todo esto es espeluznante, pero es casual. No veo porque tenerle miedo a lo desconocido si se asemeja tanto a lo ordinario, pero no puedo decidir sobre la acción del miedo en mi, así que la tranquilidad ha durado poco, todo es enardecedor, esto no es nada bueno, pero tan casual, tan común, ¿cómo puede ser esto?.
Tal vez lo ordinario debería dar mas miedo que lo desconocido, pero no lo aceptaré, simplemente no. Me enfocaré en llegar a ellos, me están esperando, no se irán sin mi, pero no llegaré, iré en contra del deseo, desafiaré los sentidos y me condenaré a perderme, a ir a la deriva, después de todo, ¿qué mas puede ofrecer este mundo que valga la pena?, no es algo que me haya preguntado solo ahora, y sé muy bien la respuesta. Aún así, la vida no la podré seguir viviendo como quieren que la viva, como me la están vendiendo, por eso me voy lejos de este mundo, la viviré como un salmón en contra de la corriente, pero con la indiferencia de ser o no ser cazado por un oso, vivir hasta que la vida misma se canse de mi y no quiera seguir estando conmigo. No quiero agradarle, pero tampoco la estoy rechazando, la acepto y eso es todo. Seguro la sombra misma podría estar burlándose de mi, quizás hasta yo lo haría en su posición.
Si aquella luna pudiera decirme algo ahora seguro no diría nada, seguro esbozaría una sonrisa y me dejaría sólo, pero al saber que es algo que no me ha de importar, solo está espectante a mis ideas y mis pensamientos flotando en el aire, colapsando entre sí y dando lugar a la inquietud frente a la duda del mismo existir. Indudablemente, ahora tengo una batalla que lidiar conmigo, pero no soy yo, es la parte de aquellos reflejada en mi, es la parte que me demuestra que hubo un pasado, es la cicatriz de que me recuerda que hubo un antes, que fui, que por un momento fui alguien, pero... no fui yo.
Una sombra, un tren y la luna. Supongo que es la mejor compañía que puedo tener, tal vez la única que verdaderamente ha valido la pena, taciturnos, prudentes y reservados, no es algo que consigas muy a menudo pero... un momento... ¡¿Adónde ha ido la sombra?!, ahora que valentía pretendo tener sin su presencia, sé que no me puede haber abandonado, me necesita, o tal vez no, pero sé que yo sí la necesito. Esa sombra es el otro lado del abismo, lo opuesto a la confusión y la vergüenza, no puedo tener un balance ahora, porque ella es mi ser, yo no soy mas que la locura misma reflejada a contraluz de una silueta negra y aplacada. No podré ir con ellos, aunque sé que me están esperando, seguro que no podré llegar, partirán sin mí y el olvido me ahogará, en aquel momento yo dejaré de existir, yo me marcharé y la luna reirá a carcajadas, mi cuerpo se desvanecerá junto con la sombra que jamás estuvo allí, sin ruidos ni estrépitos tendrá fin lo que nunca tuvo comienzo. Todo terminará y nada mas.
Ellos marcharon, esperaron cuanto pudieron soportar, pero no había nada que seguir esperando, ya nada quedaba. El valle no los volvió a ver nunca mas, los árboles clamaban sus nombres frecuentemente, las hojas bailaban en el aire antes de posarse delicadamente en el verde pastizal y el viento acariciaba las ilusiones que todavía andaban flotando llenas de esperanza.
Nada volvió a ser, porque nunca nada fue, el valle continuó tan bello como siempre, tan misterioso como nunca, tan él.
"No puedo tomar mi libertad como fin sino tomando igualmente por fin la de los otros."
Jean Paul Sartre
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