“Silencio. ¡Cuán bello el silencio! Pero hay que aquietar este mundo interior. Hay muchos que gritan ahí dentro. El silencio es una conquista. No es el ruido externo lo que nos aturde; es el grito de las pasiones. No es aislarse; es desprenderse; el silencio no es un don sino un fruto difícil. Este silencio físico es apenas un medio para acallar la propia algarabía”.

Fernando González Ochoa

miércoles, 11 de julio de 2012

La De Las Blancas Pestañas, Parte II: apego y amor al yo


En continuación y recapitulando lo tratado en la primera parte, valdría llegar a preguntarse lo que sucede cuando ya no hablamos del enamoramiento en sí, sino del acto de amar, a posteriori del enamorarse. Cuando se habla del deseo en el enamoramiento se trata del deseo de conseguir el amor y afecto de esa persona, ese es el deseo bajo el que se rige el enamoramiento, pero ese deseo tiene una vida limitada, por así decirlo, una vez cumplido, éste morirá y con su morir muere el enamoramiento porque ya pierde una de sus dos cualidades distintivas (deseo y amor), por lo que llegamos a otra fase diferente, "el enamoramiento" que el diccionario describe lacónicamente, "que siente amor". Primeramente, el deseo es quien predomina y el amor está ahí, pero pasivamente; posteriormente el deseo muere y todo se vuelve amor, todo el protagonismo ahora lo tiene el acto de amar, la búsqueda de la felicidad propia en la ajena.
Cuando digo que el deseo muere no niego la posibilidad de que mas deseos vuelvan a nacer, ya que es algo normal, el amar traerá consigo muchos deseos que irán surgiendo poco a poco en busca de ser saciados, pero serán muy diferentes al deseo del enamorar. No se puede hablar de la transformación de un deseo, un deseo no es como la materia, no es inanimado y actúa bajo su propio impulso, el deseo solo vive porque tiene una razón para vivir y es el objetivo de cumplirse, una vez cumplido no se transformara para tener otro objetivo, solo desaparece y abre espacio a los demás, tiene su ciclo de vida, ciclo que puede durar mucho o muy poco, que puede ser tortuoso y escabroso, pero no veamos todo con malos ojos, al fin y al cabo el sufrir es lo que le da verdadero significado a la felicidad.
Así, el enamoramiento contiene deseo y es un deseo en sí. Curioso.

Por otro lado, centrados en este nueva fase al que se enfrenta el individuo, las cosas van a cambiar bastante, ahora el amor es totalmente dueño del sujeto y este amor querrá expresarse con toda su fuerza de manera apasionada, explotando todo lo que tuvo reprimido durante el enamoramiento, una bomba de tiempo, que ahora estalla y deja salir todo su poder, externaliza todo lo que en su interior había. En este punto, no podemos hablar del sujeto como algo distinto del amor, sino como una sola cosa, un solo ente. Pero el amor no estará totalmente solo aquí, ahora tiene un nuevo acompañante, que en realidad siempre ha estado adherido a él, pero que ahora se deja visualizar con mas claridad, claridad con la que no se pudo ver anteriormente, y ese señores, es el fluctuante apego, y digo fluctuante por la inestabilidad emocional del cual éste se hará cargo. Que manejara como plazca, en sus momentos podrá ser estable y equilibrado, casi irreconocible, por lo general está es su primera presentación, pero después se evidenciará la verdadera esencia del mismo.
Es simplemente increíble como en realidad no somos unos verdaderos controladores de nosotros mismos, algo simplemente imposible en profundidad. Controlamos y tenemos poder de decisión sobre las acciones que llevaremos a cabo, pero después de cometerlas estamos atados a las consecuencias que las mismas acciones han producido. 
¿Cómo podemos creernos controladores de todo cuando no hay un control de nosotros mismos?, hasta que punto ha de llegar el cinismo humano o la ilusión de sabiduría, vamos directo al barranco y no queremos usar los frenos.

Pero bueno, después de romper el hilo conductor tan insolentemente, continuo. El apego simplemente es la entrega de parte de la felicidad propia a alguien o algo, en ocasiones hasta la entrega total de la misma, lo que hace esto verdaderamente peligroso y con finales trágicos, como el suicidio. Pero es imposible buscar esa relación amorosa sin crear un apego, sería fascinante, sería un sueño barbitúrico, pero es utópico. Allí tiene que estar él, que nos hará buscar refugio en la otra persona porque nos sentimos seguros y afortunados con ella, nos sentimos atraídos y encantados, vaya que adorable puede llegar a ser lo que también puede ser lo mas asqueroso y horrible, las dos caras de la moneda, pero solo nos movemos por el impulso de que la moneda siempre jugará a nuestro favor, o que por lo menos jugará mas frecuentemente a nuestro favor, es mejor pensar así, pero sabemos que las posibilidades son 50/50. Los estados de felicidad alcanzados en esta etapa por el sujeto son de una euforia muy sana, que durará un buen tiempo y después desaparecerá o rebajará un poco para mantenerse constante, después de todo, no hay momento de mas alegría que el instante súbito y fugaz en que se cumple el objetivo, y la alegría de recordar que se logró nunca podrá igualar la instantánea, la del momento en que el deseo murió y el aletargante sentimiento de dicha se posesionó.
Nos dá alegría ganar una medalla, pero recordar que la ganamos no nos devuelve la misma alegría, simplemente una noble satisfacción personal.

Así, el apego y las acciones de la otra persona tienen efectos directos sobre el sujeto, que malo puede ser esto o que bueno puede ser esto, aunque me voy mas por la primera. Mucho mas peligroso que el enamoramiento en sí es lo posterior a éste, el después, cuando el acto de amar inicia su función adecuadamente (cuando los individuos se unifican). Ahora, además de que pagaremos las consecuencias de nuestros actos, también tendremos que pagar las consecuencias de los actos de la otra persona, así que esa persona tiene en parte control sobre el sujeto, ya que éste le concedió ese poder, ese control sobre sí, pero claro, no lo hace ciegamente, o por lo menos no siempre, ya que la confianza y la posible reciprocidad que haya en el amor son los dos factores que influyen en este traspaso de poder. Y el apego propina ceguera al sujeto, es el estupefaciente, lo amarra a la irracionalidad y la insensatez.

"Nunca amamos a nadie: amamos, sólo, la idea que tenemos de alguien. Lo que amamos es un concepto nuestro, es decir, a nosotros mismos". Fernando Pessoa.

Me doy a divagar, pero en esta frase, podemos tener mucho tiempo para pensar, ya que consigo trae muchas otras situaciones en las que nos podemos hacer un cuestionamiento similar, variando en detalles, pero con el mismo fondo. El narcisismo.
Amamos el reflejo de nosotros en la otra persona, porque amamos nuestros conceptos y somos nuestros conceptos, somos el objeto final del amor a otra persona, que no es mas que una capa de niebla que cubre la verdad, el amor para el yo. 
La satisfacción de una persona al ayudar a la otra es un claro ejemplo, sin esa satisfacción de la ayuda prestada, ¿cuál sería la importancia de la mera acción de ayudar para el sujeto? ninguna, ayudar sin buscar la satisfacción en la acción misma no se tornaría mas que algo molesto para el mismo, porque no hay una satisfacción personal, la búsqueda principal de cada sujeto en sus acciones. Ya que no se puede ser totalmente altruista, ni totalmente narcisista, la naturaleza nos define de esa manera y ante ella no hay pero que valga. Simplemente somos y al final nuestras acciones van dirigidas hacia nosotros, el placer propio, la satisfacción propia, la felicidad o la ilusión de la misma, pero todo con un mismo final... el yo para el yo.


No sería loco calificar a todos de narcisistas, después de todo éste es un imperativo intrínseco en nuestra naturaleza y existencia tanto social como biológica.
Y sin embargo, somos libres, libres para hacernos esclavos de nosotros mismos, pero para saber manejar nuestra condición.

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