Él vuelve a donde todo empezó, vuelve a sentirse como se sintió antes de los sucesos, y como si nunca hubiera pasado nada, otra vez se siente solo y miserable. Se ha dado cuenta de que es perseguido por la desdicha y el silencio que la soledad otorga, se ha dado cuenta que no vale la pena correrle a las cosas que están predispuestas a estar con él para siempre, y es que no todos somos iguales, a él le ha tocado, acepta que su vida es la vida que se vive sin aspiraciones afectivas ni sociales, que es una vida hecha para vivir para sí mismo y dedicarse a sus pensamientos y a sus ideas, a ser el centro de su atención. Pero se siente tan mal, se siente tan acabado, siente haber caminado mil caminos, tropezado miles de piedras y sufrido miles de fracasos, y siente que no quiere caminar mas, al menos no por ese camino tan frustrante y poco acogedor para él.
Cuando por fin se sentía a gusto con alguien se desmoronó todo, y no siente que su vida haya perdido razón de ser, por supuesto que no; pero asimila el hecho de que la cosa estaba predispuesta para ser así desde un principio, que era igual que escalar una gran montaña, para resbalar y caer justo antes de llegar hasta la punta. Es el juego de la vida, en la montaña rusa emocional siempre ha viajado en bajas alturas y cuando ya subía y subía alto mas alto, cuando las comisuras de sus labios subían con su sentimiento de felicidad, miró miedosamente que perdía velocidad y que le esperaba una gran caída para volver justo a donde empezó, abajo, donde todo es como siempre ha sido y como siempre debe ser, pero no podía evitar intentar subir al menos una vez, arriesgarse. Todo ha salido mal, pero él lo acepta, él sabe que por mas que piense en todo, por mas que evoque los recuerdos, éstos jamás se materializarán de nuevo. Y es que en eso ha quedado todo, en recuerdos, en dulces y felices recuerdos.
Es un hombre solo, no ve un problema en serlo, le gusta estar así, pero se lleva bien con los demás. En los últimos días se había sentido miserable con la soledad que tanto aceptaba y la compañía de los demás no hacía nada mas que intentar ocultar el sentimiento, fue víctima de la desesperación y la angustia, fue víctima de la crisis existencial por la creencia de que el ser carece de significado en este mundo, víctima de la no apreciación por sí mismo y peor aún de lástima para consigo, sentir lástima por sí mismo fue sentir que ya no se sentía, y que finalmente el valor que todo tiene no existe, pues la vida es reír, amar, olvidar, sufrir y morir. En el fondo sabía que esto no era así, y quería sacar a relucir las bellas verdades que tenía guardadas por dentro, pero simplemente no se sentía capaz, no podía dejar la belleza de la verdad salir a flote. Quería llorar, quería estallar en llanto, deseaba con todo su ser llorar y descansar, pero no era capaz y su mirada se perdía en el vacío como buscando la luz de la vida, buscando la razón del ser, buscando el amor que nunca había llegado, que se extravió en el camino y nunca lo encontró, la mujer que lo miró, lo beso y se marchó sin mirar atrás.
Cuando sintió melancolía se halló en un momento de paz y disfrutando de esta felicidad de estar triste quiso por fin dejar caer las lágrimas que no quisieron caer antes... Pero llegó ella y el mundo se llenó de luz, el cuerpo de calor y el corazón de alegría, había empezado a subir la montaña rusa pensando que jamás caería y quiso conocer ese mundo de rosa del que tanto le hablaban, que tanto había rechazado, pero que ahora le aceptaba de brazos abiertos. Ella había llegado, tomó su mano y lo sacó de ese mar de inconsistencias, contradicciones, tristezas y desgracias. Él volaba con los ojos cerrados y se dejaba llevar por ella, por el sentimiento, por la emoción, por la felicidad y por el querer. Salía de la monotonía de su existir para por fin sentir el disfrute que es la compañía de una mujer. Ella sonreía, sus ojos brillaban mas que el sol y las estrellas, él se perdía en su mirar como hipnotizado, y sus labios vibraban de emoción mientras tocaba las nubes con sus manos y nadaba en el inmenso y azulado cielo.
No podía despegar sus ojos de ella, la miraba en su cama y sentía tantas cosas que parecía inmerso en un trance del que no podía salir, la acariciaba porque veía una obra de arte a la que dañaría si la tocase con bruscos movimientos, porque se correría la pintura de las delicadas pinceladas con que Dios ha llevado a cabo su obra, de vez en cuando le daba un beso en su mejilla y volvía a su estado de trance. Ella dormía y él reía para sí mismo, su corazón saltaba de emoción mientras apreciaba su ser, su alma, su cuerpo, su vida. Tal vez lo que mas le estremecía la emoción era levantarse y ver que su cama no estaba sola, que estaba con ella, que si muriera habría muerto en la compañía de la mujer que cambió la miseria por la viveza y el gozo. Y por momentos fugaces sintió que era su todo, que si ella se fuera, él moriría de tristeza y desesperación, que escaparía lo que tanto había buscado, la razón del ser para ser, la emoción de compartir la vida y conquistar el oído ajeno con las mas dulces palabras que se podrían pronunciar a una mujer. El objeto final del hombre para vivir, diría Victor Hugo, o tal vez diría Goethe.
La reciprocidad del querer había aliviado la mugre del hombre. Su olor de devolvía la razón y recordada que el ser era un sinónimo de amor, que no se podía perder en la apreciación por la belleza. Disfrutaba cada instante, cada momento, cada ocasión con ella y solo viéndola podía morir asegurando que su vida valió la pena. Empezó a aparecer en sus pensamientos, no salía de su cabeza y se desesperaba sin su presencia, empezó a sentir miedo, el apego había ido muy lejos y eso nunca trae nada bueno, sólo un final romanticista, trágico. Se moría de ganas por besar sus labios, no podía aceptar que esa mujer ya estuviera en manos de otro hombre y que el impedimento de todo se basaba en que lo ajeno se convirtió en el elixir de su alegría, y que había puesto a su estado emocional en el péndulo de la vida, de la feliz victoria y la frustrante infelicidad.
Su moral lo mataría si no hablase su sentir a la mujer, pero ella no tenía nada en que pensar, ella ya tenía claro que era lo que quería, y para la mala suerte del hombre, ella no buscaba la dicha en él. Moría por dentro, pero se daba cuenta de que esto habría de pasar, ahora empieza a descender en la gran colina de la montaña rusa. El adiós no fue algo mas que el adiós a la vida que quiso buscar, a la vida a la que quiso pertenecer pero que quizás desde un principio supo que no le correspondía, ya que por dentro era un anacoreta solitario, misero en su miseria, pero bien en su condición, al fin y al cabo estar feliz no es lo mismo que estar bien, y prefería estar bien.
Estaba acostado junto a ella en un corredor del instituto, su mirada volvía a perderse y todos los recuerdos pasaban por su mente, quería atrapar cada momento, cada instante, cada prueba de que hubo un pasado que reafirma la cualidad del ser de ser, cada momento junto a la mujer que le devolvió vida pero que ahora se iba para no volver a verlo. Apenas pudiendo pronunciar sus palabras, con la voz ennegrecida de melancolía, la mirada perdida y el cuerpo débil, él se acercó y le dijo:
"Quiero saber que alguna vez tuve algo bello, quiero saber que puedo decir que mi vida a valido la pena, quiero recordar que esto fue y que jamás dejará de ser porque vivirá en mi mente y en mi corazón. Por favor, mujer de los cabellos negros y la piel de canela, de los ojos de luz y la sonrisa de luna, concédeme un último deseo antes de este triste en inevitable adiós. Quiero saber que tuve algo hermoso alguna vez... Quiero recordar que mi amor pudo salir a relucir solo un corto y fugaz instante. Por favor, tal vez mas tarde será grande el dolor, pero quiero una razón, un motivo para recordar y sonreír... Un motivo para creer... Un motivo para saber que... Amé, fui amado, fui amor... Tan sólo quiero... Tan sólo quiero un beso".
El viento golpeaba violentamente las ramas de los árboles y el cielo azul se tornaba grisáceo, lo pájaros no cantaban y el ruido de los motores a lo lejos se diluía en la mudez, el paisaje que la vida otorgaba era el ejemplo del fin de lo que no estaba destinado a ser. La mujer dudo, lo miró y como si se oscureciese el mundo, se marchitarán las flores y se hiciese la muerte y el silencio, negó con la cabeza. Negó la vida, negó el amor. Él sonrió triste, quería llorar, pero no era capaz de llorar por mucho que quisiese. Ahora sabía que sentía miedo, que todo era miedo, y pronunció después de un instante:
"Oh! yo sé y he de comprender, yo sé y he de aceptar, yo sé y debo fundirme en los recuerdos. Pero tengo miedo, tengo mucho miedo, no tengo miedo al futuro dolor, no tengo miedo al sufrir, no tengo miedo al saber que vuelven la soledad y la desdicha a estar conmigo, no tengo miedo a la miseria... Tengo miedo al olvido, tengo miedo a que mi presencia en tu vida no quede en el baúl de los recuerdos y se pierda y se empolve como un álbum de fotos que nadie jamás habrá de mirar otra vez. Yo sé que he de partir y que mi presencia es un daño para los dos, yo sé que mi afecto es una dolencia, una afección y un mal irremediable... Pero por favor, déjame partir con tu beso, deja que pueda mi amor mostrar tan sólo una vez, la última sonrisa, el mas grato recuerdo y el adiós de dos vidas".
Todo dejó de existir por un instante, todo dejó de tener un lugar en el mundo y se absorbían las cosas así mismas, no existía la materia ni los cuerpos, no existía la degradación ni el morbo, no existía el mas mínimo ápice de tierra. Y los labios se juntaron, los ojos se hicieron ciegos y los oídos ensordecieron, sólo el tacto actuaba y era espectador de la escena tan única, tan verdaderamente bella y tan verdaderamente triste. El amor se sentó a mirar junto con él y derramó sus lágrimas de llanto mudo, el delirio y la locura se hicieron cenizas y la unión de dos seres se rompió para siempre. Sólo un pequeño y fugaz instante y todo volvió a ser normal, y ahora todo es y será como antes, como siempre tuvo que ser.
Ella se levantó y se dio vuelta mientras él loco por perseguirla la miraba irse, miraba como se marchaba el objetivo de su búsqueda, el objetivo que ahora no conseguirá nunca mas.
"Porque miramos como se desvanece el amor y vemos como se evaporan los sentidos, vivir el presente tan difícil nunca ha sido. Pero vivir es saber amar, porque si parte de Dios somos, en el amor el ser se ha de reafirmar, si hoy lo perdí espero que mañana vuelva a mis brazos, si hoy se ha ido de mí, esperaré con ansías el regreso de sus cortos y rápidos pasos, y si jamás llega quiero saber que nunca perdí la fe en el amor, aunque el amor hubiese perdido la fe en mí. Yo esperaré por ella, tal vez no llegué nunca, pero no viviré sin una razón de ser".
Danny Zapata Henao.
La De Las Blancas Pestañas.
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