Ni entendí tus precoces verdades,
ni aquellas torpezas; sólo soy mujer que besas;
gritas, vuelves y me tiras al cimiento, nada de amor,
solo mi aliento.
Corres por mi con tus manos enlodadas,
y mis senos se vuelven de barro,
tú me pisas, yo me callo, tú me gritas,
yo te amo.
Y nadamos en ciénagas,
me abrazo a la tierra y me grita tu ser,
tu índice me apunta, me pinta, me canta,
me unta.
Mi rostró iluminó un alma perdida,
y me perdí mientras mi desnudez ajada
te besaba los cabellos, negros, largos, suaves,
bellos.
¿Escuchaste mi piel? ayer se fundió en arena,
arrastrada por las olas besó la costa,
y buscándote cayó, rodó, nadó,
se perdió.
Exploté y te cayeron pétalos rosas;
y lloraste cuando al tocar tu piel morían ahogados en gris,
corriste, gritaste, a lo lejos me llamaste,
hace ya mucho tiempo que morí.
Pero...
¿Por qué escucho las ranas cantar por ti?
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