“Silencio. ¡Cuán bello el silencio! Pero hay que aquietar este mundo interior. Hay muchos que gritan ahí dentro. El silencio es una conquista. No es el ruido externo lo que nos aturde; es el grito de las pasiones. No es aislarse; es desprenderse; el silencio no es un don sino un fruto difícil. Este silencio físico es apenas un medio para acallar la propia algarabía”.

Fernando González Ochoa

domingo, 5 de abril de 2015

Las Ranas

Ni entendí tus precoces verdades,
ni aquellas torpezas; sólo soy mujer que besas;
gritas, vuelves y me tiras al cimiento, nada de amor,
solo mi aliento.

Corres por mi con tus manos enlodadas,
y mis senos se vuelven de barro,
tú me pisas, yo me callo, tú me gritas,
yo te amo.

Y nadamos en ciénagas,
me abrazo a la tierra y me grita tu ser,
tu índice me apunta, me pinta, me canta,
me unta.

Mi rostró iluminó un alma perdida,
y me perdí mientras mi desnudez ajada
te besaba los cabellos, negros, largos, suaves,
bellos.

¿Escuchaste mi piel? ayer se fundió en arena,
arrastrada por las olas besó la costa,
y buscándote cayó, rodó, nadó,
se perdió.

Exploté y te cayeron pétalos rosas;
y lloraste cuando al tocar tu piel morían ahogados en gris,
corriste, gritaste, a lo lejos me llamaste,
hace ya mucho tiempo que morí.

Pero...
¿Por qué escucho las ranas cantar por ti?

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