“Silencio. ¡Cuán bello el silencio! Pero hay que aquietar este mundo interior. Hay muchos que gritan ahí dentro. El silencio es una conquista. No es el ruido externo lo que nos aturde; es el grito de las pasiones. No es aislarse; es desprenderse; el silencio no es un don sino un fruto difícil. Este silencio físico es apenas un medio para acallar la propia algarabía”.

Fernando González Ochoa

domingo, 26 de abril de 2015

Volará mi abril

En el manto santo
se esconde al llanto
y aunque no canto, no son
tantos mis desvelados dolores
que predica el atardecer.
Antes fue gloria,
euforia implacable de
fiestas marroquínes,
en bulbosos trajes de olor
a canela.
Su piel sabor a miel,
apegada a mi tan fiel,
díganme quién a puesto el
sabor de su enriquecido corpus.
Grande el que ande por
la pradera y muera
con la fiera del salvaje
y errante amor sabor salmuera;
o acaso fuera nuera de
mi adornado paso,
que escaso y descalzo
se mira el albornoz
terso y raso.
Fuera flor sabor a sol,
si bemol, qué gran control,
sabor amargo y un pavor
que a veces le han llamado amor.
Sube en las nubes,
acaso nunca pude
en aquel cielo y sus clubes
buscar el hielo de mi
vagabundo corazón.
Esa sazón candente al diente,
si cazó fue en oriente,
o tal vez miente porque siente
que su cliente a otro observa.
Pero si no abrí
la puerta al colibrí,
vuela conmigo
y contigo
volará mi abril.

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