Siento mucho quererla,
tanto así para que jamás a mi lado estuviese;
porque disfruto tanto de verla,
que en mis campos: endebles orquídeas florecen.
¡Y reverdecen prados muchos!
Por aquel sonreír efímero y libre;
que haciéndome guerrero que por desconocida patria lucho,
me rindo enternecido a su ser sensible,
¡y vaya que la quiero mucho!
Y oigo el dulce tañer,
de un chelo de astronómicas armonías;
y pareciese que fue ayer,
que sembró en mi ser alegrías.
Compañía grata es,
¨llena de gracia¨: grabado está en su nombre;
coloridas rimas evoca su luz,
de suaves perfumes que guardase en un sobre.
Y grato, sólo me siento grato,
todavía sonrío cuando su voz escucho;
todavía disfruto de la miel de hace un rato
¡y vaya!... ¡Vaya que la quiero mucho!
No hay comentarios:
Publicar un comentario