“Silencio. ¡Cuán bello el silencio! Pero hay que aquietar este mundo interior. Hay muchos que gritan ahí dentro. El silencio es una conquista. No es el ruido externo lo que nos aturde; es el grito de las pasiones. No es aislarse; es desprenderse; el silencio no es un don sino un fruto difícil. Este silencio físico es apenas un medio para acallar la propia algarabía”.

Fernando González Ochoa

viernes, 30 de mayo de 2014

Lluvia

Sí, la lluvia es cantar de naturaleza,
encarnación de bella vida,
alimento de las verdes montañas,
néctar de los colores de allá afuera,
donde duermen vidas muchas,
donde nacen vidas nuevas.

Sí, la lluvia es cantar de naturaleza,
y se oye su voz en las frescas notas,
resuena su coro en las pampas y los bosques,
se escuchan sus versos cuando la flor florece,
cuando cantan las aves más bellas
que el verde paisaje ofrece.

Sí, la lluvia es cantar de naturaleza,
su bullicio es la calma misma,
acariciando los cielos y las colinas,
susurrando bellas coplas a los coloridos tominejos,
que con el rumor del río
cuando cerca, cuando lejos.

Sí, la lluvia es cantar de naturaleza,
si no fuera por sus caricias,
no habría alegrías ni tristezas,
no viviría el estrepitoso trueno
ni su danzar misterioso y fulgurante,
de corta belleza maliciosa,
de actitudes nobles e infantes.

Sí, la lluvia es cantar de naturaleza,
que cuenta historias de tiempos pasados,
que relata los cuentos de vidas aquellas,
y haciendo dúo con lustrosas estrellas,
mientras lloran tristes las argentadas nubes,
recuerdan sus lágrimas noches bellas.

Sí, la lluvia es cantar de naturaleza,
encarnación de bella vida,
alimento de las verdes montañas,
néctar de los colores de allá afuera,
donde duermen vidas muchas,
donde nacen vidas nuevas.






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