“Silencio. ¡Cuán bello el silencio! Pero hay que aquietar este mundo interior. Hay muchos que gritan ahí dentro. El silencio es una conquista. No es el ruido externo lo que nos aturde; es el grito de las pasiones. No es aislarse; es desprenderse; el silencio no es un don sino un fruto difícil. Este silencio físico es apenas un medio para acallar la propia algarabía”.

Fernando González Ochoa

martes, 20 de mayo de 2014

G. y El Profesor. Parte I

Dirigíase hacia el edificio de estampa gris antigua, común ya en las visitas de los últimos tiempos. Subió las escaleras sin el mínimo apuro, hasta llegar al piso correspondido y reconocido por sus ojos sin la más mínima pista de satisfacción por el acto. Tomó asiento en una de las acolchadas bancas de afuera del aposento, mientras miraba al frente una pared en madera pulida, marrón oscura, como el lodazal, y brillante como la perla.  A los momentos, un hombre abrió la puerta del aposento y le hizo un ademán para que entrase; sin pensarlo, se internó en él, y la puerta se cerró a sus espaldas, haciendo un ruido seco y metálico, que armonizaba con los truenos de la lluvia que ya comenzaba a caer afuera. 

—Cuénteme entonces —dijo el profesor, que hacia un momento lo dejase entrar en su aposento. 
—Estoy confundido —soltó G. mientras recostado en un diván, miraba hacia el infinito. 
—Ya veo, cuénteme pues. 
—Verá usted, siento una confusión gigante frente a todas las cosas que me rodean, frente a los conceptos que ha creado el hombre, frente a lo que he dicho llegar a querer y lo que he dicho llegar a odiar. Hoy siento que todos los pensamientos que en su momento mantuve como en un pedestal, no son diferentes de aquellos a los que mantuve por lo hondo, por allá, donde hace calor y vive un hombre rojo con tridente. Verá usted, yo estoy confundido, porque yo hoy no sé nada, yo sólo estoy seguro de mi no comprensión, porque ni siquiera siento entender realmente las palabras que utilizo, porque me parecen desconocidas, y a la larga, misteriosas, como las cavernas de los montes. Hoy, no sé qué es lo que está bien y qué es lo que está mal, porque no encuentro diferencia alguna entre esos dos conceptos, que se predicarán opuestos, pero que concibo tan similares; y se me reprochará tal pensar, por zafio, procaz y blasfemo, pero al final no encuentro un verdadero significado a estas palabras que salen de la boca de personas que tal vez no saben lo que dicen, que tal vez sabrán lo que quieren decir, pero el lenguaje es tan limitado profesor, que al final dudo que un mensaje llegue en la pureza en que se concibió por primera vez, porque el mismo lenguaje deforma, y distorsiona esos mensajes.  

—Quiero —continuó G.— preguntarle a usted profesor: ¿qué es eso que llaman bien y mal? Esos conceptos que no puedo dejar de ver iguales a mi vista y hacen que mi moral se aflija, aunque mi razón se nutra, y mi emoción, se asombre. Compártame a modo de buen samaritano, de amigo y maestro, que seré todo oídos para lo dicho por vos. 
Después de un breve silencio, el profesor entonó. 
—Parece usted inmerso en un problema existencialista. El bien y el mal, resultan cosa seria, vana, misteriosa y tal vez, comprenderá usted la subjetividad que se oculta detrás de todo esto. Sabe usted que todos los conceptos humanos tienen un significado que el mismo hombre ha dado previamente, con el fin de explicar, exponer o dar a entender algo, y de esa manera, se va moldeando un lenguaje más estructurado, sin embargo, más propenso a ser interpretado de maneras diferentes. Verdaderamente, habré de estar de acuerdo con usted en la pluralidad del lenguaje, pero ignora usted la cualidad del concepto, a pesar de la no pureza del mismo. Entienda usted: mi sentir no será comprendido por usted, pero si se lo menciono, estará al tanto de él, seguramente detalles serán necesarios para que verdaderamente entienda mi sentir, y esos detalles los provee lenguaje. Usted, claro, no entiende lo mismo que yo por bien o por mal, o por muchos otros conceptos, y limitar en una palabra el sentir, es al final un intento de transcribir un sentir en letras, un intento aproximado de darle a entender al otro lo que pasa en mi, solamente eso. Ahora, en...  

—Discúlpeme interrumpa profesor, pero no me es claro su pensar. Y no pretendo ofender la forma de estructurar sus argumentos, pero ese entender del que usted habla me es un concepto raro, así como lo es comprensión, sentir... ¡Todos! ¿Qué es entender? Resulta que la definición del concepto, expresa que es cuando se capta el sentido de algo. ¡Pero miré eso! Todas esas palabras están abiertas a la pluralidad y las diferentes interpretaciones. Cómo poder argüir que algo es entendido por mí, cuando en realidad las cosas por sí solas no pueden ser entendidas, sólo el concepto de ellas lo es. Así, la roca pasiva de la montaña al lado del raudal, no está al alcance de ser entendida por mí, pero el concepto de roca es lo que puede ser de alguna manera captado. Y perdona que utilice los términos entender y captar, cuando ya he manifestado ser un ignorante de su verdadera naturaleza, que razono, no son posibles de comprender, pero soy un victimario del lenguaje y lo que sea que signifique aquello que pronunció es lo que me hace un ser en sociedad.  

—Verdaderamente, usted está confundido. 
—Así lo he dicho. 
—Sin embargo, parece hablar con certeza de los conceptos que decimos, a pesar que en un principio menciona no saber nada. 
—Lo sé profesor, yo eso lo sé, y aun así, no entiendo porqué hablo con tal seguridad, tal vez sea esa necesidad de aferrarme a la certeza de alguna cosa y no vivir en el eterno escepticismo en que me encuentro inmerso. No imaginé que un día llegaría al punto en que vería igual a un asesino que a un estudiante promedio, o a un simple trabajador. O tal vez no los vea igual, pero no los clasifico entre lo bueno y lo malo, simplemente son personas que proceden de manera diferente, en base a lo que su placer les dicte, y así, quizás son felices, sea lo que sea felicidad; y así, quizá viven bien, porque están satisfechos haciendo aquello de lo que gustan. 
—El mundo sería un caos si todos hicieran lo que quisieran, usted lo sabe. 
—Yo lo sé profesor... O tal vez no lo sé, no sé nada. Basándonos en el placer, creo que una sociedad no sería viable, no habría una ley que regule esas acciones que afecten la convivencia, porque no habría límites en el accionar, y no quiero pensar qué sería de todo. 
—Usted es víctima de la pasión. 
G. Volteó a mirarlo a la cara con sus cejas arqueadas en el total desconcierto.  
— En estos momentos—continuó el profesor—, usted se encuentra en una posición en donde quiere salirse de los conceptos, del lenguaje, de la cultura, del hombre. Pero no es esto posible. Además, siento que se llena de angustia por esto, y es porque la misma naturaleza del lenguaje, lo aflige, y de esta manera, vivirá afligido, porque le da a la objetividad un pedestal y se encuentra incómodo en lo subjetivo del mundo en que vive... Pero esto es consecuencia de que aunque usted exteriorice estar en el desconocimiento de todo, usted puede estar en estos momentos, con más certeza de muchas cosas que yo; indudablemente, usted parece tener incluso conceptos de bien y mal en su interior más radicales que los que yo le pueda manifestar ahora, y a pesar de la condición que predica, tiene evidente soltura para expresarse, sobre lo que dice usted no puede ser comprendido. Sin embargo, duda, piensa, reflexiona y gira alrededor de la situación; donde no parece darse cuenta que su mente y su ego están jugando mosquita con usted... Y sepa, que usted va quedando.

1 comentario:

  1. ¿Cuántas cosas no pasan por la mente de una persona libre en el pensar, que jamás se podrán expresar en palabras, que las palabras no harán más que confundir al que las lea o escuche respecto a lo que en realidad se piensa, que solo tergiversan? precisamente en estas cuevas he estado caminando en los últimos días, junto a otros senderos como el de las conjeturas de lo provechoso y lo incorrecto. Me deleito al leerte, aunque vacilo en si todo lo plasmado pudo ser lo más fiel posible a lo que deseabas exteriorizar

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