Abrió los ojos y miró a su alrededor, los pocos rayos de luz que penetraban por las pequeñas fisuras de las cortinas le permitía observar su entorno, en su desorden natural, con sábanas y libros abiertos dispersos por todos lados y en la esquina de la habitación un gato negro escudriñando entre papeles arrugados y los restos de la comida del día anterior. Sus ojos fotofobicos por los rayos de luz que golpean su retina son defendidos por párpados que se cierran y abren un poco a manera de ciclo, mientras sus oculares vuelven a acostumbrase a la vida diurna. No hay mucho qué hacer hoy, y bueno, de todas maneras nunca hay mucho qué hacer, y ante tales palabras posándose en su mente, trata de recuperar el sueño que aún queda, cierra sus párpados y cae en el letargo nuevamente.
Cuando ha despertado, la noche ha caído, todas sus cosas permanecen intactas, iguales que cuando la luz hacía visita, mientras ellas como su cuerpo parecen dedicarse al sedentarismo en su mas grande expresión. Sin cambiar la posición en la que se encuentra, comienza a explorar con sus ojos el todo que le rodea, su mundo perdido en el tiempo y a espaldas de su persona, escucha una puerta cerrarse, inmediatamente da vuelta y divisa una silueta que se pierde junto con el sonido de la puerta, alguien. Y todo vuelve a ser igual.
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